martes, 5 de octubre de 2010

La Era de Acuario

La "Era de Acuario" es una de las 12 eras de la Astrología, las cuales se definen durante el período en el que el "polo norte celeste" (prolongación imaginaria del polo norte hacia las estrellas) apunta hacia dicha constelación. Según los más destacados de la materia (Orangel, el Brujito Maya, la vieja gallega que se volteó al abuelo de Ricardo Fort), la "Era de Acuario" comenzaría aproximadamente entre el año 2038 y el 2080. Hasta acá, todo bien. La cuestión es que dependiendo de los intereses de turno, la mencionada era ha sido inaugurada a gusto del intérprete, y mayormente a su conveniencia.
Tales son los casos de Serge Raynaud de la Ferrière, astrólogo parisino que Oh! casualidad, los cálculos cerraron justo en el día de su cumpelaños, el 18 de Enero de 1948, o también el de Samael Aun Ewor, seudónimo de Víctor Manuel Gómez Rodríguez, un colombiano esoterista (?) que predijo el inicio para el año 1962. Gracias a Dios ya murió.
En fin, la "Era de Acuario" está signada por la hermandad, la justicia, la igualdad y el crecimiento intelectual, y de éstos delirios estelares se agarraron los de 5th Dimension, banda vocal que floreció a fines de los '60, para componer "The age of Aquarious", parte del Medley de 2 temas junto con "Let the Sunshine In" el cual se puede escuchar en Hair, película de Milos Forman, un loco de la 1ª hora.
El comienzo del film no tiene desperdicio. La escena de la cámara lenta actuada roza la genialidad.



Entre otras versiones de este Medley, está la de "Virgen a los 40", magnífica comedia que parodió a Hair como cierre de la cinta, cuando Carrell debuta en la luna de miel.


The Age Of Aquarious

When the moon is in the Seventh House
And Jupiter aligns with Mars
Then peace will guide the planets
And love will steer the stars

This is the dawning of the age of Aquarius
The age of Aquarius
Aquarius!
Aquarius!

Harmony and understanding
Sympathy and trust abounding
No more falsehoods or derisions
Golden living dreams of visions
Mystic crystal revelation
And the mind's true liberation
Aquarius!
Aquarius!

When the moon is in the Seventh House
And Jupiter aligns with Mars
Then peace will guide the planets
And love will steer the stars

This is the dawning of the age of Aquarius
The age of Aquarius
Aquarius!
Aquarius!
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domingo, 27 de junio de 2010

Combustible al fuego

Aunque cueste creerlo, nada a cambiado. Sigo imaginandote de espaldas al mundo y en mis intentos de cambiar termino siempre por echarle aún más combustible al fuego.
A este fuego que tu recuerdo solo aviva transgrediendo toda posible manera de mejorar, de reinventarme.
Este fuego que nunca será pasado aunque te esmeres en apagarlo con el hielo de la indiferencia.
Esta calma aparente que solo dura de día. porque de noche todo arde mi amor y ya no se si te busco o solo pretendo perderte junto a lo que queda de mi.
Esta agonía que se lleva la emoción de lo que fuimos, este dolor de llamas que, por cuestión de principios o capricho, arderá a cada momento hasta que el polvo le ponga fin a la apatía de no tenerte.





Dedicado a M y S . A esos días que según el calendario quedaron lejos pero que se respiran como si fueran hoy.



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sábado, 3 de abril de 2010

Adivino

Hubo una vez un campesino pobre y muy astuto apodado Escarabajo, que quería adquirir fama de adivino.
Un día robó una sábana a una mujer, la escondió en un montón de paja y se empezó a alabar diciendo que estaba en su poder el adivinarlo todo. La mujer lo oyó y vino a él pidiéndole que adivinase dónde estaba su sábana. El campesino le preguntó:
-¿Y qué me darás por mi trabajo?
-Un pud de harina y una libra de manteca.
-Está bien.
Se puso a hacer como que meditaba, y luego le indicó el sitio donde estaba escondida la sábana.
Dos o tres días después desapareció un caballo que pertenecía a uno de los más ricos propietarios del pueblo. Era Escarabajo quien lo había robado y conducido al bosque, donde lo había atado a un árbol.
El señor mandó llamar al adivino, y éste, imitando los gestos y procedimientos de un verdadero mago, le dijo:
-Envía tus criados al bosque; allí está tu caballo atado a un árbol.
Fueron al bosque, encontraron el caballo, y el contento propietario dio al campesino cien rublos. Desde entonces creció su fama, extendiéndose por todo el país.
Por desgracia, ocurrió que al zar se le perdió su anillo nupcial, y por más que lo buscaron por todas partes no lo pudieron encontrar.
Entonces el zar mandó llamar al adivino, dando orden de que lo trajesen a su palacio lo más pronto posible. Los mensajeros, llegados al pueblo, cogieron al campesino, lo sentaron en un coche y lo llevaron a la capital. Escarabajo, con gran miedo, pensaba así:
«Ha llegado la hora de mi perdición. ¿Cómo podré adivinar dónde está el anillo? Se encolerizará el zar y me expulsarán del país o mandará que me maten.»
Lo llevaron ante el zar, y éste le dijo:
-¡Hola, amigo! Si adivinas dónde se halla mi anillo te recompensaré bien; pero si no haré que te corten la cabeza.
Y ordenó que lo encerrasen en una habitación separada, diciendo a sus servidores:
-Que le dejen solo para que medite toda la noche y me dé la contestación mañana temprano.
Lo llevaron a una habitación y lo dejaron allí solo.
El campesino se sentó en una silla y pensó para sus adentros: «¿Qué contestación daré al zar? Será mejor que espere la llegada de la noche y me escape; apenas los gallos canten tres veces huiré de aquí.»
El anillo del zar había sido robado por tres servidores de palacio; el uno era lacayo, el otro cocinero y el tercero cochero. Hablaron los tres entre sí, diciendo:
-¿Qué haremos? Si este adivino sabe que somos nosotros los que hemos robado el anillo, nos condenarán a muerte. Lo mejor será ir a escuchar a la puerta de su habitación; si no dice nada, tampoco lo diremos nosotros; pero si nos reconoce por ladrones, no hay más remedio que rogarle que no nos denuncie al zar.
Así lo acordaron, y el lacayo se fue a escuchar a la puerta. De pronto se oyó por primera vez el canto del gallo, y el campesino exclamó:
-¡Gracias a Dios! Ya está uno; hay que esperar a los otros dos.
Al lacayo se le paralizó el corazón de miedo. Acudió a sus compañeros, diciéndoles:
-¡Oh amigos, me ha reconocido! Apenas me acerqué a la puerta, exclamó: «Ya está uno; hay que esperar a los otros dos.»
-Espera, ahora iré yo -dijo el cochero; y se fue a escuchar a la puerta.
En aquel momento los gallos cantaron por segunda vez, y el campesino dijo:
-¡Gracias a Dios! Ya están dos; hay que esperar sólo al tercero.
El cochero llegó junto a sus compañeros y les dijo:
-¡Oh amigos, también me ha reconocido!
Entonces el cocinero les propuso:
-Si me reconoce también, iremos todos, nos echaremos a sus pies y le rogaremos que no nos denuncie y no cause nuestra perdición.
Los tres se dirigieron hacia la habitación, y el cocinero se acercó a la puerta para escuchar. De pronto cantaron los gallos por tercera vez, y el campesino, persignándose, exclamó:
-¡Gracias a Dios! ¡Ya están los tres!
Y se lanzó hacia la puerta con la intención de huir del palacio; pero los ladrones salieron a su encuentro y se echaron a sus plantas, suplicándole:
-Nuestras vidas están en tus manos. No nos pierdas; no nos denuncies al zar. Aquí tienes el anillo.
-Bueno; por esta vez los perdono -contestó el adivino.
Tomó el anillo, levantó una plancha del suelo y lo escondió debajo.
Por la mañana el zar, despertándose, hizo venir al adivino y le preguntó:
-¿Has pensado bastante?
-Sí, y ya sé dónde se halla el anillo. Se te ha caído, y rodando se ha metido debajo de esta plancha.
Quitaron la plancha y sacaron de allí el anillo. El zar recompensó generosamente a nuestro adivino, ordenó que le diesen de comer y beber y se fue a dar una vuelta por el jardín.
Cuando el zar paseaba por una vereda, vio un escarabajo, lo cogió y volvió a palacio.
-Oye -dijo a Escarabajo-: si eres adivino, tienes que adivinar qué es lo que tengo encerrado en mi puño.
El campesino se asustó y murmuró entre dientes:
-Escarabajo, ahora sí que estás cogido por la mano poderosa del zar.
-¡Es verdad! ¡Has acertado! -exclamó el zar.
Y dándole aún más dinero lo dejó irse a su casa colmado de honores.
(Alekandr Nikoalevich Afanasiev)


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