
Siempre pensé que lo bueno de la música era la posibilidad de jugar a ser algo que no somos. De transportarnos hacia situaciones melódicas que esconden sentimientos que quizás nunca antes probamos.
Convertirnos, entre quiebre y quiebre de ritmos, en una flecha de fuego capaz de deshacerse de esa maldita condición analítica con la que hemos nacido.
Con el pasar de los años, el viaje entre lo que somos , lo que fuimos y lo que seremos se vuelve aún más necesario. Las presiones del mundo real en el que vivimos nos obligan a escapar mentalmente aún en situaciones tan drámaticas como una muerte, o en situaciones tan felices como un nacimiento. Da igual si es malo o bueno, escapamos porque nos acostumbramos a jugar. Los discos giran y la tentación de viajar hacia nuevos mundos, en donde el corazón late acorde al personaje que nos hemos inventado, se vuelve impostergable.
Ya es tarde para cerrar esa puerta que abrimos desde niños y no la cerraríamos ni por todo el oro del mundo. Seguimos jugando y viajando.
Dándonos cuenta que somos mucho más parecidos a aquél que se aparece cuando los discos giran que al que patea la vida adormecido cuando el silencio de las obligaciones nos agobian.
Hacemos girar unos cuantos discos, salimos del letargo, y reactivamos el blog para seguir jugando a ser aquél que siempre soñamos ser...
Thin Lizzy - Dancing in the Moonlight
The Black Crowes - Hard to Handle
Stevie wonder - Higher Ground
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